Lo conocí el primer día de mi vida. Según me cuenta, su abundante bigote ya se había ganado un lugar en la familia hace tiempo. Salió desesperado del trabajo, al llamado de que su tercera nieta había nacido. No recuerdo su mirada en aquel momento, por supuesto, pero la imagino como cada vez que me mira hoy en día: ojos brillosos, un poco achinados, dobles, dependiendo de que ángulo te mire y cada día que pasa un poco mas caídos... Pero siempre la acompaña con una tenue sonrisa. Con mis primos creemos que nadie puede hacerlo enojar. Y eso que cuando jugábamos en el patio de su casa a la pelota, le rompíamos todos los jazmines, los cuales conserva el día de hoy y los cuida de los primos que siguen llegando. ¡Y los gritos de mi abuela! Esos si me los acuerdo de chica, pero para el, debe ser su sonido preferido. No debe haber persona en el barrio de Temperley que tenga algo malo para decir de el.
Recuerdo hace unos días, cuando vino a visitarme a casa en Zona Sur y yo tenia que ir a Capital. No tenia forma de ir, y el se ofreció a llevarme hasta su casa y ahí podría tomar una combi. Era de noche y en el auto íbamos hablando de lo bien que andaba Banfield en el torneo de la B Nacional, nuestro entusiasmo por el fútbol, aunque simpatizábamos por distintos equipos, siempre nos unió.
Al llegar al local de la combi, baje del auto y lo despedí. No me quede esperando ni dos minutos en la calle, que ya lo tenia al lado mío, preocupado, preguntándose por que no venia la combi si ya era el horario de salir. Insistí en que no se preocupara, que vaya tranquilo a su casa que yo iba a estar bien, pero su mudez insistió mas y siguió esperando quieto a mi lado. En su clásica posición, un poco inclinado hacia atrás con los brazos adelante, apoyándolos sobre su panza, espero hasta que la combi llego y ahí despego sus brazos para abrazarme. Un abrazo de pocos segundos pero tan cálido que fue una eternidad para mi. Sin querer soltarlo me despedí y oí a su bigote decir "Avisame cuando llegas, eh..." y luego, otra tenue sonrisa. Se fue caminando despacito hacia el auto y arrancó. Su inadvertida ausencia se hizo notar enseguida como así también, su bigote.
Al llegar al local de la combi, baje del auto y lo despedí. No me quede esperando ni dos minutos en la calle, que ya lo tenia al lado mío, preocupado, preguntándose por que no venia la combi si ya era el horario de salir. Insistí en que no se preocupara, que vaya tranquilo a su casa que yo iba a estar bien, pero su mudez insistió mas y siguió esperando quieto a mi lado. En su clásica posición, un poco inclinado hacia atrás con los brazos adelante, apoyándolos sobre su panza, espero hasta que la combi llego y ahí despego sus brazos para abrazarme. Un abrazo de pocos segundos pero tan cálido que fue una eternidad para mi. Sin querer soltarlo me despedí y oí a su bigote decir "Avisame cuando llegas, eh..." y luego, otra tenue sonrisa. Se fue caminando despacito hacia el auto y arrancó. Su inadvertida ausencia se hizo notar enseguida como así también, su bigote.
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